Tuesday, May 09, 2006

¡AQUÍ NO SE TIRA NADA!

En los años cuarenta había mucho dinero que ganar en el negocio editorial ya que la lectura se perfilaba como una de las principales distracciones de los sufridos españolitos de aquella época.

Eso sí, los costes de impresión, tanto fijos como variables, de aquella época eran muy altos, comparativamente hablando, mucho más altos que los actuales. Por tanto había un punto de riesgo importante, se podía perder mucho dinero si una determinada colección no iba bien. Y si no se podía, por lo que fuera, enviar el sobrante a Sudamérica, como más tarde se haría por costumbre, no había solución: Te tenías que “comer” los sobrantes o saldarlos (solución nunca recomendable si quieres desarrollar un mercado a largo plazo).

Ante esto ¿qué hacer? Pues ser creativos, debió pensar Francisco Bruguera. Ya comentamos en un post anterior que pese a su excelente presentación y buenos contenidos, la colección La Huella no funcionó. ¿Qué se hizo con los sobrantes? Pues se creo la colección La Novela Doble de la que cada entrega se componía de dos números de La Huella, sin cubiertas y sin páginas de crédito. Si cada ejemplar de La Huella valía 4 pesetas, pues cada uno de La Novela Doble costaba 7. De esta manera algo se recuperaba. Y como el diseño se parecía como un huevo a una castaña, con suerte venderían algunos. Es sí, si las novelas de La Huella son raras, La Novela Doble no os cuento. Sólo conozco dos ejemplares de los que podéis ver las cubiertas.




Pero hay algo más raro que no he sabido interpretar y que es posible que alguno de ustedes sepa el por qué de los siguientes productos. No hace falta decir que El Pirata Negro de Arnaldo Visconti (pseudónimo de Pedro Víctor Debrigode) fue un gran éxito. Eso sí, no estoy tan seguro de que la Colección Superhombres funcionara bien ya que al fin y al cabo sólo tuvo 16 números. Entonces ¿a qué vienen las ediciones que reproduzco a continuación?



Como podéis ver son dos ejemplares de cada colección en la que las cubiertas se repiten y sólo cambia el título. En la contra aparece el listado de todos los títulos que componen la colección pero eso sí, sin numerar.

Supongo que al imprimir así las cubiertas debían ahorrar mucho, y más en aquella época pero repito ¿qué son esas ediciones? ¿Sobrantes con cubierta nueva? Puede ser, pero entonces ¿para qué hacer el cambio? De esta manera el lector se lía y no sabe qué novela tiene porque todas son prácticamente iguales. ¿Reediciones? Si es así ¿no sería más lógico hacerlo como siempre y evitar la confusión del lector? No sé, hasta aquí llego. Lo dicho, ojalá alguno de ustedes sepa iluminarme/nos sobre este tema.

5 comments:

Anonymous said...

El reciclaje, el reciclaje. Está inventado todo ya :)

roberto said...

como ud bien dice, nada se pierde en la narrativa popular

Marqués de Ferblanc said...

Bueno, supongo que la buena salud de la Novela Popular durante tantas décadas se debía precisamente a iniciativas como ésta. Y sí, pocas cosas hay nuevas bajo el sol.

Anonymous said...
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